Hoy puse especial atención a las miradas de la calle. Es decir, miré cómo miraban otras personas. Miré miradas (trabalenguas) pervertidas, perdidas, tristes e inexpresivas. La verdad el mayor número de miradas captadas en esta ardua tarea (pfff) fueron esas llenas de deseo, o sea las pervertidas.
¿Cómo miro yo? Traté de transmitir algo interesante, parecer intelectual. Luego me di cuenta de que la forma más fácil de hacer esto es con un buen par de lentes. Y algo tarde, de que mis miradas parecían más de retardada que de inteligente, así que dejé de intentar y comencé a mirar más.
Hoy fue el día de las miradas llenas de lujuria y pasión (jajaja).
En la combi, un chico me miraba con una mirada (otra vez el trabalenguas) que él creía seductora. De inmediato recordé a esos actores cómicos (Los Chistosos, si eres peruano me entiendes) que exageran el intento de seducción o la intención de mostrar belleza, o “la pepa” cómo dicen algunos. Le faltaba pasarse la mano por el cabello, guiñarme un ojo y mandarme un besito volado. Gracias a Dios, no lo hizo. Tal vez porque soy una exagerada y ni me estaba mirando, o porque nunca se atrevió o porque me bajé antes que él de la combi. Coqueto el muchacho y la muchacha dizque acosada, inexperta en controlar estos temas más que con una risa, a veces escandalosa.
Mañana espero encontrar otros tipos de mirada, por lo menos para no perder la esperanza de que puedo encontrar algo más que falsa seguridad y deseos de conquista. He dicho!
